Y hago mucho hincapié en decir “hasta luego”, pues no será la última vez que me deje ver por aquí.
El tiempo pasado tan rápido como un suspiro. Hace tres meses aterrizaba en el aeropuerto de Toronto donde me esperaban Paola y Erica. En esos momentos no tenía ni la más mínima idea de cómo transcurriría el tiempo “canadiense” que tenía por delante. Lo único en que pensaba era en estar cerca de la tortu, ayudarla en lo que pudiera (la mudanza hacia Montréal) y en lo posible hacer alguna que otra excursión.
Creo que todo ello se ha cumplido y ha superando todas las expectativas iniciales. Mi regreso a Canadá no es sólo una promesa para Erica, sino un compromiso también conmigo mismo. En este tiempo he podido conocer el Mundo de Erica y lo que he visto ha sido un grupo de amigos excepcionales, amistosos, sinceros, trabajadores, divertidos, entretenidos, algo juerguistas, pero no caracterizados por ser juerguistas, de conversación interesante, que me aceptaron nada más verme. Ha sido una hermosa experiencia y un paso más en la convivencia entre Erica y yo.
Como los últimos días han ido demasiado deprisa y finalmente no me he podido despedir, quiero hacerlo mediante estas líneas.
Sin embargo, el blog sigue, lo que nos parece a Erica y a mí como una forma de estar más cerca. Ahora no será posible ponernos de acuerdo tan a menudo en los temas de los post, o corregirnos y comentarnos sobre lo que hemos escrito, pero en detrimento de eso será siempre una bonita incógnita saber lo que el otro está escribiendo.
Tengo que decir que este post, aunque lo inicié en Montréal, lo termino en Madrid, sin apenas jet-lag, con mucho calor (seco) y en mi habitación, rodeado de mis libros y de mis cosas, ahora con la mente cargada de experiencias de ultramar. Como anécdota deciros que por un despiste mío casi no me dejan subir al autobús para ir a Toronto. Le mandé a Erica que imprimiera la mitad del billete y el conductor se negaba a dejarme subir porque no veía por ningún lado el número de la reserva. Fue todo muy estresante, mi maleta ya estaba en el bus, la supervisora nos decía a Erica y a mí que no podía esperar a que fueramos a una máquina de Internet para revisar mi mail y copiar el número de reserva, la insistimos y finalmente lo conseguimos. La despedida romántica y habitual se convirtió en casi una escena de película de Almodóvar.
El viaje resultó sin ningún tipo de percance. Todo salió como estaba previsto. No me entretengo más, tengo que seguir trabajando. Ahora me queda pasar un tiempo con mi madre, estar presente para unos temas incómodos de la comunidad de vecinos, preparar mis exámenes de Derecho en septiembre, ver a los amigos, disfrutar de las albóndigas de mi madre y, por supuesto, preparar mi próxima visita a Canadá.
Un saludo a tod@s…







Me ha gustado mucho. Hace poco que me he iniciado en esto de los blogs pero no está nada mal el tuyo. Me pasaré a leer qué tal te va con Erica.
Un saludo.