En el metro de Toronto uno puede ver a las personas más diversas, hombres y mujeres con los inconfundibles auriculares blancos de iPod, con el vaso de Starbucks (f*ck*rs, Miguel, tú sabes a qué me refiero) o Second Cup o Tim Horton’s, negros, latinos, rastas, paquistaníes, pero sobre todo asiáticos.

Esta es la estación de Coxwell Ave., la que cogemos prácticamente para todo, ya que se encuentra al lado de la casa de Paula, donde nos hemos estado alojando estas dos primeras semanas. El metro de Madrid, aunque también contempla tanta variedad de razas y personas diversas, no inspira la libertad del de Toronto, donde a nadie le importa ni le llama la atención ver a un negro con cresta punky o el típico freaky que juega en una PSP. Hay un aire como de desidia en las caras de los todos los viajeros que parecen ignorar adrede lo que ocurre a su alrededor.

A veces los vagones grises metalizado me recuerdan a los que he visto en tantas películas norteamericanas y por un momento uno tiene la extraña sensación de no encontrarse en Canadá, en Toronto, sino en una estación cualquiera de Nueva York. Lo dice uno que todavía no ha estado allí.
Lo peor de todo, el precio del billete sencillo: 2,75 dólares, o sea, unos 1,77 euros, casi el doble de lo que cuesta en Madrid (si no recuerdo mal todavía está a 1 euro).
Os dejamos algunas fotos (tomadas con el teléfono móvil por motivos de discreción). Esperamos que os gusten:








