Ayer fuimos a desayunar a un local de desayunos que le habían recomendado a Erica por la decoración retro y por la abundancia y suculencia de la comida. Es un sitio que está muy cerca de donde nos alojamos, en la zona de Danforth, detrás de la estación de metro de Coxwell Ave.


Como veis, las paredes están prácticamente forradas de fotos de los cincuenta, sesenta y setena enmarcadas, los colores típicos de esos años (rojo chillón, mesas antiguas de color azul desteñido, etc.), el suelo de baldosas rojas y blancas y el techo lleno de portadas de revistas antiguas. Todo está cuidado al detalle para que sea lo más anacrónico posible. En cuanto al desayuno, yo pedí unos huevos revueltos con jamón canadiense (servido a la plancha), patatas fritas en tacos y plátano, todo ello acompañado por dos rodajas de pan (bimbo) tostado con mantequilla y sal y dos crepes que igualmente me apreté untados en mantequilla y sirope. El cuadro tenía esta pinta


Erica se pidió unas tostadas francesas, hechas con un pan especial y por supuesto untadas en mantequilla y pasadas por la plancha.

Yo estuve dudando si pedir un extra de colesterol, pero luego me dije que no hacía falta. Probablemente el desayuno mismo ya me aportaba el colesterol suficiente para 10 años. Abajo, el que suscribe comenzando con el festín. No hace falta decir que nos saltamos la hora del almuerzo (ojo que no digo comida, ¿eh?) por razones obvias.

Eso sí, la cena de ayer también fue demasiado canadiense: para mí una hamburguesa de la casa con patatas frintas, pero ténganse en cuenta las medidas y dimensiones del lugar, no una hamburguesita y unas patatillas, una hamburguesa hermosa y bien apretada y unos patatoncios que ya con una pieza quitaban el hambre para dos días. No pude con todo (por primera vez). Ahora estoy intentando dar con un peso para pesarme, creo que al menos he subido unos 2 kilos desde que estoy aquí…






